miércoles, 17 de agosto de 2011

VIDA ETERNA


De repente en medio del silencio un escriba pregunta a Jesús:
Maestro que haré para conseguir la vida eterna?”. Jesús responde con
otra pregunta: “Qué dice la ley?”. Recuerda perfectamente el escriba los
dos únicos preceptos: “Amar a Dios y al prójimo”. Pero la cuestión no
está resuelta todavía: Puntualiza el escriba: “Y quién es mi prójimo?

Como conseguir la vida eterna?. Pregunta interesante y universal
que se hace todo ser humano por el simple hecho de respirar y vivir.
Es indiscutiblemente el reto más grande que se le presenta a cada ser
humano.

Quizás este episodio tuvo lugar en el camino que conduce de Jericó
a Jerusalén. Es una subida abrupta y bordeada de barrancos y de precipicios
propia para ser guarida de salteadores.

En este escenario Jesús contesta al escriba con una parábola: “Un
hombre descendía de Jerusalén a Jericó. En una revuelta del camino el
viajero se encuentra rodeado de ladrones. Lo despojan, lo desnudan y
tendido lo dejan medio muerto. Los que mas frecuentan aquel camino
son sacerdotes y levitas por ser Jericó una ciudad levítica y sacerdotal.
Pasó efectivamente un sacerdote, vió al herido envuelto en sangre y haciendo
un gesto de repulsión siguió el camino. Pasó un levita, se acercó,
tal vez sintió un poco de piedad, pero tenía prisa y pasó adelante.
Pero he aquí que llega un samaritano, odioso extranjero, despreciado
por todos los doctores y al ver al caminante tendido en el camino llega
hasta él, le habla, le examina sus heridas. Aquel corazón se inclina,

 

desciende, borra distancias, elimina susceptibilidades. No piensa en
los ladrones que podían desvalijarle también a él, recoge al herido, le
cura con aceite y vinagre, le lleva al mesón, lo encomienda al dueño y
cumple con él todos los deberes de la caridad más tierna, compasiva
y abnegada.

Estaba hablando Jesús, por lo tanto, el comportamiento, el modo,
el arte, el quehacer del Buen Samaritano es divino y perfecto.

Falta ahora dar respuesta, sacar la enseñanza y la moraleja.

Cual de los tres, pregunta Jesús, a tú entender es el prójimo de
aquel caminante apaleado por los ladrones?

No era posible dudarlo, pero sí evitar pronunciar el despreciativo
nombre de aquel “buen samaritano”. Contestó cautamente: “Aquel que
tuvo misericordia con él …”

Pues haz tú otro tanto. Para conseguir la vida eterna —para ir hacia
Dios— no puede haber castas ni razas ni colores ni fueros ni privilegios.
Dos hombres son prójimos, amigos y hermanos por el hecho de
ser hombres.

Un dia a Jesús le insultaron llamándole samaritano y endemoniado.
Fue un honor para El pues Jesús es el Buen Samaritano —Samaritano
Divino— que bajó del Cielo —de Jerusalén— para socorrer a la
humanidad caida y saqueada por el diablo —el ladrón— y nos da la
medicina de los Sacramentos y nos deja en la posada de la Santa Iglesia
y a la vuelta nos recogerá para darnos la vida eterna.

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