martes, 25 de enero de 2011

NAHUM DE ELCÓS

Además de clasificar a los profetas de mayores y menores según la extensión de su profecía, otros los denominan cronológicamente en: pre-exílicos, exílicos o post-exílicos según realicen su misión antes, en o después del destierro o cautividad.
   El profeta Nahum predicó su profecía u oráculo sobre la ciudad prostituta de Nínive sobre el año 612 a. de Cristo.
   Nahum nace en la aldea de Elkós, Elcesa o Elcesai, una incógnita geográfica.
   Unos la sitúan en Galilea y otros en Nínive. Etimológicamente “Nahum” significa “Consolado” pero el profeta quiere ser el “Consolador” de su pueblo en el exilio.
   El tema central de su libro es la ruina y la caída de Nínive. Después de la hazaña y predicación de Jonás, Nínive retorna al vómito, a sus vicios y pecados y, reinando Sardanápolo fue tomada y destruida por el general Nabopolasar, padre de Nabucodonosor.
   Nahum proclamó el mismo mensaje de Jonás: alertar del peligro, cambiar de su mala vida y arrepentirse para poder alcanzar el perdón y la misericordia de Dios.
   Nahum le recuerda al obstinado, obcecado, soberbio y guerrero pueblo ninivita que no son todopoderosos ni inexpugnables y les habla de la famosa y poderosa Tebas en Egipto que había sido tomada por el asirio Asurbanipal.
   El mensaje y la profecía de Nahum sobre la ciudad opresora y bélica de Nínive es muy duro. Denuncia los vicios y pecados, infidelidades e idolatrías de los ricos, poderosos y grandes: sacerdotes, jueces y falsos profetas. Apenas aparece la compasión de Dios hacia el pueblo pecador y pertinaz y su ira no cesará hasta aniquilar la ciudad opresora de Nínive.
   Nahum, judío, oprimido y desterrado con su pueblo expone la justicia y la fidelidad de Dios que con razón castiga a Nínive por mantenerse obstinadamente en su actitud.
   Dios, no los asirios, es el Señor de la historia y el que controla el mundo y no soporta la opresión y la esclavitud de los pueblos. Dios es la única norma y medida.
   También predice y anuncia la esperanza al pueblo de Dios con la venida del Mesías-Salvador en Belén de Efrata como lo había hecho su colega el profeta Miqueas.
   Al final coloca un himno a la misericordia y al infinito amor de Dios que siempre es más grande que la malignidad de los pecados para todos los que siguen el camino de la salvación.
   Así cierra y termina Nahum su libro: “Oh, rey de Asiria, no hay remedio para tu herida, y tu llaga es incurable, todos los que se enteran aplauden tu ruina…”.

                           Manuel Latorre De Lafuente

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