jueves, 26 de mayo de 2011

CARTAS DE SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA

Las “Cartas de San Ignacio de Antioquía” constituyen un gran tesoro literario para la Iglesia primitiva y para la Iglesia universal y actual, por ser escritos de un Pastor, de un Padre en la fe, de un Santo y de un Mártir.
Gustaba llamarse “Ignacio o Teóforo”, que significa “portador de Dios”. “Teóforo” es vocablo griego derivado de “Theos”, Dios, y del verbo “fero”, llevar, portar.
Ignacio es un cristiano venido de la gentilidad y fue el segundo sucesor de San Pedro en la sede episcopal de Antioquía, después de la partida de San Pedro hacia Roma.
En el itinerario que tuvo que hacer San Ignacio hasta Roma, recorrió toda la costa sur de Asia Menor. Todos los puertos, ciudades, y comunidades cristianas vecinas le ayudaban y acompañaban, y le proporcionaban lo necesario para el viaje, quedaban removidos y contagiados del amor a Dios.
Encontramos el retrato exacto de “Teóforo” en sus siete cartas, que envió a las comunidades cristianas de su periplo: Carta a los cristianos de Éfeso, de Magnesia, de Tralia, de Esmirna, de Filadelfia, de Roma y a Policarpo, obispo de Esmirna.
El contenido temático de sus misivas es de interés doctrinal. Advierte contra las falsas doctrinas y herejías, especialmente una muy peligrosa y letal llamada “Docetismo”- derivado del griego “dokeo”, parecer, aparentar, figurar - , que negaba la realidad y el hecho de la Encarnación del Verbo, defendía y predicaba que Jesús tenía un cuerpo aparente pero no real.
San Ignacio, enamorado de Cristo, enseña, escribe y predica que la Encarnación, la muerte y la resurrección de Cristo, así como la presencia real en la Eucaristía, acaecieron no mediante una forma externa tan solo aparente, sino en la realidad y verdad del Hijo de Dios. Defiende la real y verdadera Humanidad y Divinidad de Jesús – “Perfectus Deus et Perfectus Homo”-
Predica y enseña la doctrina sobre la constitución de la Iglesia, su unidad y jerarquía: Obispos, Presbíteros, Diáconos, y Fieles. En sus antiguas Cartas, aparece por primera vez el término “Katholiké  Eklesía”, que es universal o católica y única.
Sufrió el martirio en Roma sobre los años 106 y 107, mientras el Emperador Trajano celebraba la vuelta a Roma tras la conquista de la Dacia – la actual Romanía-
En su “Carta a los fieles de Roma” les rogaba que no impidiesen su martirio: “Trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras quiero ser molido, a fin de que sea presentado como pan puro de Cristo...”

Manuel Latorre de Lafuente

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