domingo, 24 de julio de 2011

BONDAD Y MALICIA

DECANOMIA 2 : AZAR Y CASUALIDAD




                                 DECANOMIA  2


                               AZAR  Y CASUALIDAD



Estas dos palabras carecen de sentido profundo. Jamás nadie ha
nacido por casualidad, nadie ha sido consultado para venir al mundo,
nadie elige siglo o tiempo, nadie elige a sus padres ni país ni tierra
para nacer.

Reflexiona el filósofo: “Mi vida se había hecho sin mi, sin mi
intervención, la presencio pero no la causo, algo o alguien distinto de mi
hace mi vida y me la entrega, me la atribuye, me la adscribe a mi; en cierto
sentido, mi vida aunque parezca una antinomia, no es mía, yo la vivo,
pero es hecha por otro, me es regalada, me es atribuída…”

Todo nacimiento es siempre resultado de un proceso muy largo y
minuciosamente desarrollado. Acontecimientos y circunstancias han
ido convergiendo y tejiéndose a lo largo de los siglos hasta el minuto
preciso en el que un ser singular y único —tu y yo— hace su entrada
en el mundo.

La previsión o designio de Dios, su intervención en la naturaleza y
en la vida, en las cosas y en los hombres, en los acontecimientos y las
acciones y en la historia es absoluta y total. “Hasta los cabellos de vuestra
cabeza están todos contados (Mt 10,30)”, es evidente, que si Dios cuida
de cosas tan sin importancia como es el número de los cabellos cuanto
más tendrá en cuenta cosas de mayor importancia. Dios infinitamente
sabio e inteligente todo lo ve, todo lo sabe y nada se le escapa a su
previsión. Dios no quiere el mal, pero el hombre es inteligente y libre
usa mal de su libertad— y Dios lo permite antes que arrebatarle esa
libertad.
Todo ser inteligente obra por un fin. Dios al crear el mundo se
propone una finalidad: su gloria y la gloria nuestra. En el fondo
subsiste la ordenación y unidad del cosmos en medio de una inmensa
variedad de las distintas criaturas.

Si una cosa, un acontecimiento, por pequeño que sea, Dios lo
quiere o lo permite —incluso el mismo hombre— es por algo y
para algo. Un mínimo de sentido común nos hace pensar que no
puede haber existencias, seres, cosas, hombres entregados al azar, sin
rumbo y sin norma.

DECANOMIA 1 : ALFA Y OMEGA


Todo está rodeado de Dios, Alfa y Omega, al principio y al final,
por arriba y por abajo, por dentro y por fuera, lo que pasa es que el hombre es capaz de acostumbrarse a las cosas grandes e incluso a las divinas. Entre el hombre y el animal más cercano a él, hay una distancia abismal e infinita, distancia y diferencia que le imprime lo divino.

El hombre, aunque no quiera, está envuelto y rodeado de una
atmósfera divina y se le nota a poco que se le observe detenidamente: el poder nacer, el poder morir, el poder amar, el poder odiar, el poder rezar, el poder pecar, el poder perdonar, el poder llorar, el poder hacer, el poder inventar, el poder descubrir, el poder esperar, el poder olvidar, el poder gozar, el poder reir, el poder ser perdonado, el poder recordar, el poder ser hijo de Dios, toda esta posibilidad, toda esta realidad y más… está muy lejos de la simple actividad material y animal y está rozando las fronteras de lo divino y lo eleva sobre toda
la creación con un —endiosamiento bueno—.

Pero también el hombre posee un —endiosamiento malo— que
es el orgullo y soberbia cuando quiere ponerse totalmente en lugar de Dios, consiguiendo así una vida achatada, triste y rastrera y cansándose neciamente para que todo gire a su alrededor, que todo empiece y acabe con él.

Debiendo ser los hombres los que alaben y aclamen a su Hacedor-
Dios, paradójicamente lo alaban y proclaman más y mejor los animales y las bestias del campo, los peces del mar y las aves del cielo, así lo atestigua la Sagrada Escritura.

El hombre —engreído y lleno de orgullo— no habla, no canta
la gloria de Dios y las maravillas de la creación, pero encerrado
en sí mismo —como ave de corral— intenta atribuirse a él todo
el aplauso, todo el honor y toda la gloria. Toda la creación y la
naturaleza habla sin remedio de las “magnalia Dei” de las maravillas de Dios, excepto el hombre que se convierte en el único ladrón posible de la gloria de Dios.

Es triste la visión del egoista cuando todo lo somete a su miope
observación: “me apetece, no me apetece”, “me va bién, no me va bién”.
El egoísta tiene una visión deforme de la realidad.

Dios tiene que ser el origen de nuestro ser y el término de nuestros deseos como se pide en una súplica que dice así: “…ut cuncta nostra actio et operatio, a te semper incipat et per te coepta finiatur…” …que toda nuestra acción y operación y trabajo empiece y termine en Ti, Señor…
Esta es la meta y la cumbre de todo quehacer humano y de paso que
hace bién a los demás nos da mucha paz, todo lo demás será chapucería, mediocridad, cuquería y yavalismo (ya vale… ya está bien) al mismo tiempo que produce malestar.

Dice un refrán alemán: “Ende gut, alles gut ” … si tiene buen
final, ya está bien, pero nosotros añadimos, que si tiene además un buen principio es mejor. Empezó Dios, continuamos nosotros y Dios terminará.

viernes, 22 de julio de 2011

ESTER Y MARDOQUEO


En el “Libro de Ester” leemos otra bella historia del pueblo judío en el destierro o diáspora en Persia en tiempos del Rey Asuero o Jerjes I en el siglo IV antes de Cristo.
El pequeño libro lleva el título de su protagonista la joven doncella judía Ester que junto con tío Mardoqueo, el Rey Asuero y su divo ministro Amán completan el núcleo de su contenido.
Como prólogo tiene el relato de un sueño de Mardoqueo recordando el oprobio y la desgracia de la cautividad de su pueblo por parte de Nabucodonosor.
Empieza el libro contando la destitución de la esposa y reina Vasti por asuero y la entronización de la bella y hermosa judía Ester.
Para sustituir a la reina Vasti se convocan elecciones por parte de los eunucos de palacio  reuniendo a todas las mujeres jóvenes, vírgenes y doncellas las más hermosas y bien parecidas que para el “casting” se untaban con toda clase de cosméticos, grasas y aceites y se adornaban con los mejores vestidos, afeites y pulseras.
Mardoqueo y Ester –ocultando su condición judía- merodean en torno al palacio y rezan para que la guapa Ester pueda presentarse a la elección.
Al final logra la prueba –al natural- sin ninguna clase de adornos ni perfumes, al verla los eunucos y el rey quedan prendados y enamorados de tanta belleza y extrema hermosura y coronada como reina.
Revienta la envidia del  ministro Aman y prepara una trama para ahorcar al tío Mardoqueo ya que era un –fac totum- en el palacio de su sobrina Ester.
Conoce la Reina la trama y convoca un convite en palacio y al final cuando estan todos ebrios Ester pide a Asuero que su ministro Aman imponga el manto real a Mardoqueo.
La situación era pírrica e inaguantable porque el sobrebio Amán no aceptaba aquel vasallaje ni acatamiento.
Con astucia prepara la Reina otro banquete en el que pide a Asuero que asista su ministro Amán.
Con astucia y armas de mujer, con oración y fidelidad a su Dios al final cuando están ebrios –así tristemente acababan las celebraciones y fiestas paganas- Ester se presenta al Rey, mandó a la horaca a Amán y todos sus hijos.
Una vez más Dios salva a su pueblo de los decretos redes preparados por el ministro Amán para acabar con los judíos.
Los judíos para recordar y celebrar esta venganza instituyen la fiesta de los “Purim” o “Suertes” porque Dios le ha cambiado la suerte poniéndose de su parte.
Al final del libro se puede leer una oración de la Reina Ester que pone su confianza en el Señor: “Oh Señor mío, Tú eres el único Rey nuestro socórreme en el desamparo pues no tengo otro protector fuera de Ti…”