viernes, 27 de mayo de 2011

CIRO, REY DE PERSIA


Después de setenta años de cautividad del pueblo de Israel en Babilonia, brilla y aparece la continuidad del plan de Dios y su Providencia.
Acontecimientos históricos que ayer, hoy y siempre sirven de marco y camino para el “Digitus Dei o dedo de Dios” que no deja que se le vayan de la mano las riendas de la historia y del gobierno del mundo.
En el año 539 a. C. Ciro, sucede  a su padre Cambises y a su suegro Caixar y unifica el imperio medo-persa conquistando la Magna Babilonia y al año siguiente publica el edicto de libertad autorizando el retorno del pueblo hebreo y la edificación del Templo de Jerusalén.
En los libros de la historia cronista de la Biblia llamados de Esdras y Nehemías, estos protagonistas sacerdote y gobernador, nos narran todo el proceso del final del destierro y la vuelta a la patria de Jerusalén.
Esdras siendo joven fue llevado a Babilonia con todos los demás cautivos por Nabucodonosor, después de haber sido tomada Jerusalén e incendiado el Templo.
Ciro le dio toda clase de cartas y permisos, favores, gracias y privilegios acompañado con los comisarios Sesabar y Zorobabel y muchos judíos celosos para la empresa de la restauración del Templo.
Se encontraron con muchas dificultades por parte de los nuevos ocupantes y vecinos de Samaria que obstaculizaron el trabajo, teniendo que retornar de nuevo a Babilonia.
Aparece entretanto otro judío celoso y laico, copero del rey Artajerjes I con gran prestigio en la corte persa  y es nombrado como ayuda en un segundo intento y retorno de Esdras a Jerusalén con más judíos y al frente Nehemías como gobernador de Judea.
De nuevo se encuentran con más dificultades para la restauración del Templo, incluso siendo animados por los profetas Zacarías y Ageo.
Todavía fue necesario un nuevo impluso al final del benévolo rey Dario Noto para poder terminar la laboriosa empresa.
Leemos en las crónicas o historias del sacerdote Esdras y del piadoso gobernador Nehemías: el edicto de libertad dado por Ciro, el retorno de los judíos exiliados, la llegada del sacerdote Esdras y los comisarios Sesabar y Zorobabel, los intentos de restauración del templo, la renovación del altar y de los sacrificios, la actividad de Esdras y la formación de la comunidad, la celosa labor de Nehemías, la lectura de la ley, la renovación de la Alianza, la exhortación de los profetas Zacarías y Ageo.
Los libros de Esdras y Nehemías son una crónica o relato de más de cien años de historia del pueblo desde el edicto de liberación de Ciro hasta Darúo Noto, sucesor de Artajerjes I Logimano.

Manuel Latorre de Lafuente

JUDITH Y HOLOFERNES


La historia nos enseña que todos los pueblos tienen un personaje-tipo un héroe o heroína que reúne todos los rasgos e ideas nobles y peculiares de cada pueblo y que sus gestas y acciones sirven como referencia, bandera y modelo a seguir sobre todo en los momentos difíciles.
Uno de esos protagonistas es la heroína emblemática, hermosa, joven y viuda Judit o Judía de Beyulia que resume y encarna las destacadas virtudes del pueblo de Israel y ella se enfrenta al prepotente agresor e invasor asirio Holofernes, general de otro Nabucodonosor.
Incluso después de la liberación y cautividad de Babilonia los israelitas sufrieron muchas y sucesivas invasiones por parte de los asirios, medos, persas, caldeos y babilonios sobre todo en este tiempo cuando flaqueaba el poder del naciente imperio greco-macedonio de Alejandro Magno.
En el Libro de Judit se cuenta la prueba del ataque agresor, la resistencia y la liberación de una pequeña y desconocida ciudad de Palestina llamada Betulia donde vivía Judit.
La hermosa y heroína Judit, ataviada y vestida de fiesta se presenta en los campamentos asirios asentados a las puertas de la ciudad esperando la orden de ataque y entra en la tienda de Holofernes con astucia, audacia, autodominio y usando las artimañas de una hermosa y atractiva mujer.
El riesgo y la debilidad de una mujer adornada con las armas de la oración, la fidelidad a Dios y a la Ley, y por amor a su pueblo contra el prepotente y devastador Holofernes.
Nos recuerda la hazaña del pequeño e indefenso David contra el gigante Goliat.
Se presenta como una espía y tránsfuga de su pueblo para ayudar y facilitar a Holofernes su conquista, la joven Judit reza y pide ayuda a su Dios para que proteja a su pueblo –el pueblo de Dios-, convence y enamora al general Holofernes, que no quiere dejarla marchar y perder la ocasión de acostarse con ella.
Con el tal motivo y por la presencia de aquella oven hermosa se celebra una gran fiesta en los campamentos.
Después de la orgía y final de fiesta dejan solos en la tienda a Judit ante un general ebrio de vino, de pasión y de poder y aprovecha para rematar su plan cortándole la cabeza y retornando victoriosa e intacta a su ciudad Betulia.
El Libro de Judit con el estilo y género literario de “breves historias o episódicas” nos muestran una vez más el favor y protección de Dios por la observancia de la Ley y el castigo por los pecados.
El amor, la fidelidad y la confianza en Dios, la hermosura y la audacia, la cabeza de Holofernes, el pánico, el miedo y la desbandada de los asirios completaron una vez más la victoria y la liberación de Israel.

Manuel Latorre de Lafuente

HELENISMO

El pueblo de Israel venido del exilio forma una comunidad religiosa sometida al imperio persa después del decreto de repatriación de Ciro en el año 539 a. C.
Trabajo de restauración y defensa de los pueblos ocupantes y vecinos. Los pilares fundamentales y básicos son la Ley o Torah, el templo y el sacerdocio.
Los libros del Antiguo Testamento reciben en este período su forma definitiva.
Ahora aparece otro enemigo Alejandro Magno que derrota a los persas e instala el imperio greco-macedónico, la expansión de su lengua, la cultura y civilización griegas, fenómeno conocido como Helenismo o dominio de Grecia. La comunidad judía soporta los ataques y luchas de los sucesores de Alejandro especialmente de los Lágidas o Tolomeos en Egipto y de los Seléucidas de Siria y Mesopotamia.
Hay judíos partidarios del helenismo y otros siguen fieles a sus tradiciones.
En el año 167 a. C. se produce una dura crisis, el seléucida Antioco IV pretende abolir el estatuto particular de Jerusalén otorgado por Ciro y prohíbe las prácticas religiosas judías en Palestina. Los hermanos Macabeos apoyados por los judíos piadosos –Asideos- organizan una rebelión armada que acaba por triunfar. Simón Macabeo obtiene la independencia política en Judá y hasta sus descendientes los Asmoneos retoman el título de reyes y mantienen esta situación un poco más de 70 años en medio de luchas fratricidas hasta que el año 63, Pompeyo convierte a judá en provincia romana.
Los judíos nunca habían podido soportar la dominación romana. Motines, sediciones, levantamientos, rebeliones y toda clase de violencias reprimidas por los gobernadores. Cestio Galo en el año 66 ordenó una cruel represión contra los judíos rebeldes. En el año 68 Nerón dio orden a Vespasiano que castigara a los rebeldes y su hijo Tito en el año 70 se apoderó de Jerusalén, la destruyó, fue quemado el Templo, edificios destruidos e incendiados, los habitantes pasados a cuchillo o reducidos a la esclavitud. Muchos otros se refugiaron en la colonia griega de Pella en la margen izquierda del Jordán.
Dentro y fuera de Palestina la expansión, las guerras y la diáspora obliga al judaísmo a la apertura con la nueva cultura griega o helenismo, fruto del diálogo es la traducción de la Torah o Ley al griego, realizada en Alejandría por setenta y dos sabios judíos, la 2versión de los setenta” y más tarde el resto de los libros de la Biblia: esta versión griega o Koiné es un griego fácil, común y vulgar. Es la Biblia usada por los primeros cristianos para formular los credos y la fe cristiana y el punto de unión entre los dos testamentos hasta el siglo IV después de Cristo en que apareció la traducción latina o vulgata hecha por San Jerónimo, también en latín fácil y vulgar.

Manuel Latorre de Lafuente

PARALIPOMENOS


Con esta otra palabreja “Paralipomenos” se califican dos libros del Antiguo Testamento conocido como “Libro de las Crónicas”.
“Paralipomenos” es vocablo griego derivado del verbo “paraleipo” que significa omitir, olvidar, dejar de lado, suprimir. Es como un “complemento” que narra o recuerda cosas “omitidas” en los anteriores libros de los Reyes, aunque tiene muchas cosas comunes y repetidas.
Los judíos lo nombran y conocen a este libro con las dos palabras hebreas con que comienza: “Dibrey hayyamin…” porque es como un “diario o relato de acontecimientos o anales.
Generalmente se conocen estos libros como “Libros de las Crónicas” por su contenido lleno de nombres de genealogías, números, relatos, roles y listas de reyes, historias, crónicas o anales.
Es un libro con dos cuerpos. En el primero se presentan tablas y catálogos de descendientes del pueblo de Israel desde Adan hasta el cautiverio de Babilonia, resalta también la historia del rey David.
En el segundo cuerpo narra la historia de Salomón y de los reyes del sur de Judá, desde Roboám hijo de Salomón hasta el último rey Sedecías que sufrió el destierro junto con su pueblo. No habla nada de los reyes del Norte y hace referencia al decreto del rey persa Ciro del año 538 que permite al pueblo judío volver del cautiverio.
El cronista autor del libro puede ser Esdras y usa fuentes y genealogías bíblicas y documentos paralelos o extrabíblicos y completa la obra con su aportación personal, con algunas reflexiones y tradiciones orales.
El hilo conductor o marco del “Libro de las Crónicas” viene dado por la fuente o estilo “deuteronomista” cuya teología  enseña que la felicidad del pueblo y de los reyes de Israel depende de la observación del “nomos o Ley” o del “deuteros-nomos” o Deuteronomio. Equipara el eje o binomio David-Jerusalén con el otro dúo Moisés-Sinaí del Pentateuco.
Ensalza la figura de David, engrandece sus empresas y silencia sus fallos y caídas.
Recalca que la división, la ruptura y el cisma de la monarquía de Israel al final del reinado de Salomón fue producida por su infidelidad a Dios y la idolatría a divinidades extranjeras.
Tanto los reyes cismáticos del Norte como los del Sur siguieron la misma perversión, infidelidad y adoración de dioses falsos y terminaron desterrados con su pueblo, unos en Asiria y otros en Babilonia.
Manuel Latorre de Lafuente

EL REY DAVID

Samuel fue último Juez del pueblo de Israel. El pueblo cansado del gobierno de los Jueces se presentó ante el anciano Samuel para pedirle un rey –como tenían todos los pueblos vecinos y enemigos- para protegerlos y defenderlos.
Se entristeció Samuel ante aquella petición: hasta ahora el único verdadero rey de aquella nación israelita era el Señor –Teocracia o Señorío de Dios-, además conocía Samuel las tropelías, exigencias, caprichos, tiranías y despotismos de los reyes.
Sin embargo atendió los deseos de su pueblo ungiendo como rey a Saúl que en un primer momento gobernó conforme a la ley del Señor y luego se apartó del consejo de Samuel y de la Ley y al final terminó mal siendo rechazado por Dios.
Como sucesor fue elegido el hijo más pequeño de la familia humilde de Isaí: David.
El profeta anciano Samuel ungió al joven David en el trono y que estaría al servicio de Saúl como diestro tocador de arpa, buen músico y compositor de himnos y salmos, por envidia Saúl terminó odiando y persiguiendo  a muerte a David.
En dos ocasiones David pudo vengarse fácilmente y deshacerse de Saúl: Una mientras hacía sus necesidades en una cueva, se contentó con cortarle la orla de su manto. Otra vez encontró a Saúl profundamente dormido en medio del desierto, se acercó, le arrebató la lanza y desde lejos le gritó y le mostró el trofeo.
Todos recordamos la célebre hazaña de David contra el gigante filisteo Goliat. Después de varios días de insultos, desprecios , amenazas de las tropas filisteas contra el pueblo de Israel se enfrentan en medio del campo de batalla y el pequeño David con una honda y una piedra se deshizo de Goliat y del peligro filisteo.
Una vez que David conquistó Jerusalén y se estableciera en ella mandó llevar el “Arca de la Alianza” que se hallaba en la pequeña ciudad cerca de “Kiriat Jearim” a donde la había trasladado Samuel desde Silo en poder de los filisteos.
Pensó David construir un digno y grandioso templo, pero las cosas fueron de otra manera; sería su hijo Salomón quién lo construiría.
David, grande por sus cualidades también fue un pecador . Se enamoró de la guapa Betsabé, mujer de Urías, mandó colocar a Urías en el lugar más duro de los combates y de las guerras y murió gloriosamente. David tomó como esposa a la hermosa Betsabé dentro de la poligamia imperante.
David reconoció y lloró su pecado y compuso un bello salmo de penitencia “el Miserere o salmo 51”. Muchos imitan a David en el pecado pero no en la penitencia.
El profeta Natán al arrepentido y santo rey David le hace la promesa: “de tu linaje, de tu trono, de tu casa, de tu raíz, saldrá el Niño que va a nacer, llamado Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin”.

Manuel Latorre de Lafuente

VOCACIÓN DE SAMUEL


Nadie aparece en este mundo sin ser llamado, cada hombre tiene su llamada o su vocación concreta, única y singular.
A estas alturas de civilización y cultura nadie duda que los diversos estados posibles y progresivos de soltería, casados, viudos o célibes son llamadas, pasos, caminos, vocaciones y pruebas que Dios tiene previsto, reservado y programado para cada uno para que “allí” le sirvamos, seamos útiles, hagamos el papel, en ese puesto juguemos el partido y recorramos ese camino hasta el Cielo.
En el siglo XI antes de Cristo –año 1070- Dios llama al joven Samuel en las montañas de Efraín, hijo de Elcaná y de Ana, como hombre de enlace y bisagra para el pueblo de Israel, entre el gobierno de los Jueces y la institución de la monarquía hebrea. Antes llamó a Abrahan, Moisés, Josué y en el siglo XXI después de Cristo está necesitando y llamando a otros muchos y a ti y a mi.
Samuel pasó su vida al servicio del anciano sacerdote Helí que murió de pena al ver caer el Arca de la Alianza en manos de los enemigos filisteos que luego Samuel recuperó.
El primer acierto del hombre debe ser el “esse”, “su existencia”, “su misión”, “su vocación” después será el “operari” su vida, su operación y trabajo.
Primero los cimientos, andamios y gruas, luego vendrá la casa.
Al meditar tantas veces el pasaje del evangelio del ciego Bartimeo durante nuestra vida que nos anima a clamar con insistencia: “Señor, que vea..” “dame luz…” El que ve y tiene luz, es absurdo e innecesario que lo pida. No será que nos quiere ayudar con su luz en nuestra total ceguera a la hora de elegir el amino, la misión, la llamada, la vocación particular y seguirla con generosidad?.
El desacierto, el fracaso, el desgaste, el destino en el recorrido o andadura de la prueba de la vida es fatal e incalificable cuando al llegar al final nos diga: “Yo te había elegido para esto, te puse en la tierra para esto otro, te necesitaba en esta misión, tu vocación era esta…”
No será la causa de tantas desgracias, tragedias y calamidades en esta vida “el tornillo y el hueso fuera de sitio” “el querer encajar la pieza del rompecabezas del mundo sonde no le corresponde?”.
La ceguera de Bartimeo a nosotros no nos repercute ni nos hace daño –además ya lo ha arreglado el Señor- pero nuestra ceguera y miopía nos puede perder.
Un tal Jonás, llamado para predicar a los ciudadanos de la ciudad de Nínive terminó en el mar, en vientre de un cetáceo, al final cumplió su misión y vocación. Un tal Pablo de oficio perseguidor de cristianos –llamados- al final terminó cumpliendo su vocación –llamado- para predicar y convertir a los paganos del imperio romano.

Manuel Latorre de Lafuente