domingo, 24 de julio de 2011

DECANOMIA 3 : CRISIS ACTUAL

                                                                    MVI  -  1015 





Toda crisis es crisis del hombre. Ya finales del siglo XX está surgiendo
un nuevo tipo de hombre. Esta crisis actual es tan profunda porque se
está agotando la concepción del hombre moderno y está apareciendo
el hombre contemporáneo. Dice Ortega y Gasset que la crisis consiste
precisamente en no saber lo que nos pasa.

El hombre es el ser más rico e importante de la creación y está
por lo tanto abierto a la transcendencia. Nos recuerdan los filósofos:
Homo, transcende te ipsun…”. Al hombre no podemos separarlo de la
transcendencia, pues es, algo constitutivo y ontológico. No podemos
desplumarlo y desmarcarlo de lo divino ni impedirlo en sus proclives
relaciones libres y amorosas con Dios.

Es peligroso confundir las crisis con las modas o ensayos u otras
ligeras diatribas o tanteos. Ni lo viejo por ser viejo ni lo nuevo por
ser nuevo constituyen en sí mismos criterios de verdad. En toda
crisis podemos perder de vista los elementos constitutivos, básicos y
fundamentales e inmanentes del hombre: la mismidad y la alteridad,
la libertad y la autoridad, la libertad y la ley. Antes había un orden, es
verdad, pero era ¡demasiado orden! Impuesto y desde arriba y abusando
de los prejuicios y de las ignorancias de la masa social. Ahora hay más
desorden pero puede llevarnos —eso esperamos— al verdadero orden
provisional y efímero. La libertad integral es el signo de nuestro tiempo.
La crisis y empresa por buscar la libertad es difícil y arriesgada, pero
vale la pena todo esfuerzo y riesgo.

En estos momentos de crisis no podemos lamentarnos con
nostalgias facilonas de otros tiempos que no fueron mejores ni peores
sino simplemente distintos. La pretendida libertad que buscamos aún
dentro de la crisis actual debe ayudarnos a ser mejores. Tenemos que
acostumbrarnos a vivir la enhorabuena de la libertad pero con ley. Una
libertad sin ley no es libertad. Libertad no es capricho, ni instinto ni
fuerza bruta. La libertad humana es una libertad limitada. Una libertad
sin ley se destruye a si misma, es utópica, quimérica y vaporosa. Libertad
sin ley es libertinaje y anarquía. Todos juntos arrimando el hombro
podemos hacer que esta nuestra crisis actual desemboque en un orden
más justo.

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