domingo, 20 de junio de 2010

EZEQUIEL PROFETA Y MÁRTIR


Ezequiel es el tercero de los profetas llamados mayores nacido en una familia sacerdotal de los Buzi en Jerusalén.
Fue deportado por Nabucodonosor a Babilonia y vivió en la ciudad de Tell-Aviv junta el río Quebar –uno de los canales del río Eufrates- que regaba el valle de Caldeá.
El argumento de su libro y su profecía en la Biblia lo constituyen las palabras, el anuncio y las alegorías que preconizaban las amenazas de Dios contra Israel, contra Judá y también contra los gentiles y les recuerda las promesas de restauración del Pueblo de Dios.
Ezequiel se refiere a la restauración final o apocatástasis que traerá el Mesías. Emplea el termino promonárquico “Nasi” que designa el príncipe le la verdad, de la dinastía real de David, el Mesías –Rey y Habla ya de un solo rebaño y un solo pastor. No emplea el mismo termino cuando habla ya de un solo rebaño y un solo pastor. No emplea el mismo termino cuando habla de los infieles y depravados reyes de Judá e Israel que el Melek o Rey.
Expone con duras y crudas alegorías o símbolos la infidelidad del pueblo y de los reyes comparando a Israel y a Judá como “Dos muchachas prostitutas y rameras”.
Predica el valor de la santidad ante un pueblo y reyes que practicaban la opresión y el robo haciendo violencia e injusticias para tener contentos a sus ídolos, pastores que dispersaban a las ovejas y buscaban el provecho propio.
En una visión de los huesos contempla a los israelitas deportados y dispersados como un “campo de huesos”, un pueblo muerto, sepultado en medio de paganos.
El pueblo de Israel es como campo de esqueletos.
Para explicar la pobreza y la terrible miseria a la que estaban sometidos los judíos contaba que cocían el pan con secos excrementos humanos y de animales.
Aunque sean poco refinadas estas figuras, imágenes o símbolos para exponer la desgracia y la situación histórica del pueblo no podemos analizar la historia desde nuestra óptica y cultura. Siempre es necesario colocarnos “In situ o momento histórico”.
Todavía conocemos hoy algunos pueblos que cuecen el pan en las tahonas con estiércol seco, secado al sol.
La historia de Israel es como una sucesión de infidelidades. La santidad de Dios es ofendida con la idolatría o profanación de las criaturas y con la profanación del verdadero culto.
Ahora sufren el exilio por su pecado, pero el profeta Ezequiel le infunde animo y esperanza que retornarán de la cautividad.
Dios mantiene su palabra y dará la liberación ofrecida en contra de lo que vanamente prometen los ídolos.
Ezequiel murió en el destierro luchando contra la idolatría.
Manuel Latorre de Lafuente

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