jueves, 26 de mayo de 2011

DIOS HABLA


Los hombres pueden hablar porque su Creador los construyó asi con esa posibilidad.
Dentro de toda la creación solo los hombres pueden hablar –otra simpleza- pero Dios tambien habla y tiene muco que decirnos.
Es lógico y necesario que el Creador tenga un diálogo amoroso con su OBRA: la creación.
Lo más importante y grande que puede hacer el hombre, unos cuantos años a su paso por la tierra es intentar entrar en ese diálogo y escuchar la voz de Dios.
No se le van a contabilizar ni a constatar sus fallos ni fracasos en este mundo porque no tienen consistencia ni son duraderos sino efímeros. “No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”. El único fracaso que sufrirá y le marcará luego es no dejar hablar a Dios, no oir su voz ni entrar en el “diálogo amoroso” con Dios Padre y Creador.
Ahí está la historia de la humanidad, la ciencia, los sabios y los santos que nos enseñan que Dios nunca estuvo mudo, que ha hablado, habla y hablará. Nadie le niega al hombre el derecho de hablar pero Dios también tiene su derecho.
“Dios habla” este anuncio y verdad; y es la realidad más verdad, más grande, más verdadera, más segura y más cierta,más que todas las cegueras y soberbias de cabezas, mentes y corazones de todos los sabios que ha habido y habrá en el mundo.
“Después de hablar Dios muchas veces y de diversos modos antiguamente  a nuestros mayores por medio de los profetas, en estos últimos dias nos ha hablado por medio del Hijo (Hbr 1, 1-2)...” Le va a ser imposible al hombre borrar estas líneas de la Biblia en el libro del Cosmos.
Efectivamente Dios habla con dos elocuentes libros: La Creación y la Biblia, como cualquier artista habla con su obra, por sus obras y frutos los conocereis. Concisión y claridad para definir la Revelación o Palabra de Dios.
A esta obra del mundo no se le puede cortar el cordón umbilical y su hilo de unión con su Creador que la cuida, habla, dialoga y mira por ella –providere- providencia.
La Palabra en silencio y a gritos de Dios está en la Biblia, un conjunto en dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento.
Antiguamente Dios dirigió “palabras antiguas” en momentos historicos distintos, con lenguajes y acontecimientos con su pueblo –digitus Dei- por medio de otros hombres –profemi- predecir, profetas. Las “últimas y definitivas palabras” pronunciadas para el mundo por su Hijo –Verbum- la Palabra, que constituyen y completan el Nuevo Testamento.
Que Dios habla es evidente y que el hombre no escucha también es evidente.

  Manuel Latorre de Lafuente

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