jueves, 26 de mayo de 2011

PLANISFERIO

Es verdad que esta vida terrena en la que estamos instalados es un misterio y por supuesto lo que hay  después de esta vida temporal. Nadie excepto Dios tiene poder para crear al hombre ni poder para aniquilarlo y Dios quiere que el hombre viva –una vez creado- eternamente.
Nadie es capaz de dar alguna explicación a esta vida, pero si pensamos un solo minuto sobre los datos que sabemos y así es la realidad revolucionan y alegran nuestra existencia.
No hace bién a la humanidad olvidar y silenciar este problema ahí van los sabidos  y conocidos datos para nuestra consideración y reflexión: Sin nuestro consentimiento vamos apareciendo sobre una bola móvil o máquina redonda –la tierra- instalados como en um vagón de un tren. De donde vendrá y adonde irá?
Pegados y sujetos a esfera giramos y giramos en el espadio sideral a grandes velocidades y sin notarlo. La vida sí lo nota: cambios climatológicos, fenomenos, atmosféricos, ritmos de estaciones, repercusión en los cuerpos, enfermedades, muertes, resurreciones, causados por los vertiginosos movimentos, danzas, giros y velocidades del planisferio en esta gran sala sideral y espacial de danza.
Esta bola en el aire no está sostenida no suspendida por nada. Todos bailamos pegados y agarrados a la bola, también los que están boca abajo en polos opuestos –antípodos- con los piés en contra.
Para nada resuelva el problema la explicación de la famosa “ley de atracción o de gravedad”. Esta esfera gira una vuelta sobre si misma, con un baile céntrico o de rotación a una velocidad de 1.000 km/h y para más exhibición y floritura hace un espectacular baile o giro elíptico excentrico o de traslación en torno al sol a la velocidad de 108.000 km/h, todo previsto para que no se separe mucho ni se acerque demasiado –no vaya a ser- porque el sol –el rey- también danza esta cabalgata en busca de otras constelaciones a 70.000 km/h arrastrando a millones de estrellas que en la noche parecen inm´viles.
Este grandioso y feliz espectáculo tiene mucho ritmo y mucha marcha –día y noche, mañana y tarde- siguen las danzas locas, las vueltas, los girosy para resistir están los hemisferios de relevo, mientras unos descansan y duermen hasta que se levantan para festjar sin parar esta “Liturgia interestelar”.
Un dato feliz e importante es algo propio, íntimo y mio, que está dentro de mí y que no obedece a mi voluntad, un músculo –un corazón- una pila que no deja de latir.
Otro dato curioso es que “yo no tengo bilocación” si estoy aquí, no puedo estar allí. Pero a veces con mi otra parte de mi cuerpo –el espíritu, el alma- estoy y recorro el universo por dentro y por fuera en todas direcciones, estoy en el presente, recuerdo el pasado y proyecto el provenir. Soy algo divino, aunque se note poco.

 
Manuel Latorre de Lafuente

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