domingo, 15 de diciembre de 2019

DECANOMIA - 111 . : EVANGELIO DEL TRABAJO



                                    Ofertorio   de Himmel

EVANGELIO DEL TRABAJO

Es inseparable el trabajo de la dignidad y grandeza del hombre.
El trabajo es parte constituyente de la buena y ardua condición del hombre.

Dios desde siempre ha pensado y concebido al hombre así: En las primeras lineas de la Biblia podemos leer: “Homo ad Laborem” El hombre para el trabajo. Y también “Homo ut operaretur…” Para que trabaje.
Mandato divino: “Dominad y someted la tierra”.
Como siempre aparece la réplica a los planes buenos sabios del Creador y ahí la historia con la explotación,tergiversación y desviación del
trabajo.Recordemos sino,la esclavitud,los gremios,la revolución industrial,
el pensamiento liberalista, materialista y economista.

El hombre está destinado al trabajo, pero nunca se podrá perder de
vista que ante todo el trabajo está en función del hombre y no el
hombre en función del trabajo.

El trabajo —bonum arduum— según terminología de
Santo Tomás, tiene su ética, su Evangelio y su santidad. El
trabajo es un bien del hombre, de la familia y de la sociedad
y expresa la dignidad del hombre y la aumenta, transforma la
naturaleza para sus propias necesidades. El hombre en su trabajo
se realiza a si mismo y se hace más hombre.

Dios, Creador del hombre y del trabajo, no es un Dios ocioso y
nos da ejemplo: Se hizo semejante a nosotros en todo, dedicó la
mayor parte de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del
Carpintero, santificado y dignificando el trabajo.

Para defender al hombre y al trabajo podemos recordar el solícito
cuidado de los Papas ante la amenaza y explotación del trabajo
mercancía— por parte del pensamiento materialista, liberalista
y capitalista o ante la conocida cuestión obrera o proletaria con sus
elocuentes y puntuales encíclicas: “Rerum novarum” de León XIII,
Quadragessimo anno” de Pio XI, “Mater et Magistra” de Juan XXIII,
Populorum progressio” de Pablo VI y finalmente “Redemptor hominis
y Laborens exercens” de Juan Pablo II.

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